“Aquí no hay dólares… ni Migra”

De Guanajuato Somos

Caín Martínez vivió ocho años en EU y ahora sostiene a sus hijos con su taller de carpintería en San Miguel de Allende

Durante ocho años, Caín Martínez recorrió 18 estados de un país al que llegó con apenas la primaria terminada y los conocimientos en carpintería y herrería que aprendió mientras vivió y creció en San Miguel de Allende, su tierra natal.

De aquel lado, en los Estados Unidos, vivió y trabajó todos los días sin parar y sin volver a casa durante años. Aprendió a hablar inglés, conoció paisanos de todo el país a quienes no volvió a ver ni a saber de ellos porque al igual que él, se movían de un Estado a otro en busca de trabajo y dólares.

Allá también encontró el amor cuando una ciudadana estadounidense puso los ojos en el mexicano y lograron formar una familia. A Caín, el “sueño americano” le regaló también sus más grandes tesoros: Mariana y Mateo.

Después de ocho años de recorrer las carreteras de Estados Unidos, de no tener vacaciones, de empezar a trabajar cuando todavía no salía el sol y regresar de noche, un día decidió que era hora de ir a México a visitar a sus padres y presentar a su pequeña familia: Mariana de entonces siete meses y Mateo de dos años y su esposa.

Durante unas semanas, la familia que Caín trajo de Estados Unidos gozó de la comida y la vida campirana que ofrecen las tierras mexicanas.

Pero algo pasó entonces y la mamá de sus pequeños decidió volver a su país y empezar de nuevo… pero sola.

Fue así que Caín se quedó con sus hijos en México y no pudo volver al otro lado porque nunca consiguió su estadía legal.

Para Caín, quedarse en México fue una decisión difícil porque no habría más dólares, no había trabajo y sus dos hijos pequeños requerían de mucha atención y dinero… Tuvo que empezar de cero.

“Andaba yo con mi carriola doble en los urbanos cargando a mis chiquillos para llevarlos con mi hermana a que me ayudara a cuidarlos mientras yo me iba a trabajar. Eran unos bebés que necesitaban todas las atenciones y ella me ayudó durante un tiempo para avanzar”.

Durante unos días buscó trabajo y lo encontró en el taller de carpintería que un amigo puso.

Su “mocho” pero entendible inglés mezclado con un poco  de español le ayudó a atender a la clientela estadounidense y con ello, a tener más trabajo en el taller.

Pero conforme crecían Mariana y Mateo, se dio cuenta que tener un horario fijo no lo dejaría estar mucho tiempo con sus hijos y que sería igual que estar en Estados Unidos: se iría sin ver el sol y volvería por la noche.

Así que invirtió unos dólares que le quedaban y compró una máquina de cortar madera que le pidió a unos amigos de Estados Unidos, luego pidió otras dos, compró madera y puso su propio taller de carpintería que apenas va iniciando.

Hoy tiene tres máquinas, un espacio al lado del gallinero y rodeado de cactus que cubrió con láminas para trabajar desde ahí los muebles que le encargan.

Él es un paisano que el sueño americano le dejó dos niños, grandes amigos, mucha experiencia y un idioma que lo ayuda a “defenderse” en una tierra que tiene más de 12 mil ciudadanos que hablan inglés.

De dólares ya no habla, porque cada encargo que hace lo cobra en devaluados pesos mexicanos que le ayudan a comer, mantener a su familia y crecer.

“Seguro que hay vida después de los Estados Unidos nomás que aquí no hay dólares y ni Migra, nomás se necesitan ganas”.

 

La aventura de un paisano

Caín se fue de San Miguel cuando tenía 25 años de edad, impulsado por los primos que vivían en Arizona realizando diferentes oficios pero ganando dólares.

Con dinero para el “coyote” se fue, cruzó el río y se escondió de la migra durante los tres días que duró el caminar.

Una camioneta Van los recoge y cuando casi llegaban a su destino, la conductora aceleró y se estampó contra una barda.

“Como todos íbamos apilados y escondidos, varios resultaron heridos”.

Unos integrantes de los Testigos de Jehová  pasaron cerca de ellos y los ayudaron a ir hasta el domicilio de sus familiares o darles asilo en su iglesia para esperar a quien los recogería.

“Los mil 500 dólares que llevaba para pagar al coyote me los quedé, porque a quien tenía que pagarle se fue”.

En Arizona comenzó la aventura de Caín que tuvo la oportunidad por Arizona, Tennesse, Utah, Oklahoma, Kansas, Nebraska,  Colorado, Wyoming, Illinois y otros más de los que sólo tiene recuerdos porque los dólares se acabaron.

El regreso a casa de lo que parecía una visita le cambió el panorama y la vida a Caín.

“Tal vez no me pude regresar pero estoy en casa; mis primos, los mismos que me llevaron, ahora tienen más miedo , porque no sólo les quitaron su tranquilidad,  sino que les pueden quitar todo”.

La vida para sus primos no es la misma desde que llegó Donald Trump a la Presidencia de EU porque los patrones ya no contratan a los migrantes sin papeles, los envíos de dinero tienen un límite y les cobran comisiones.

Muchos de sus conocidos empiezan a invertir sus ahorros en construir viviendas en sus pueblos porque sienten que el regreso está más cerca.

“Si antes vivían con miedo ahora es peor, por eso no nos queda más que ponernos a trabajar en México, en la tierra y junto a la familia, la misma que por años dejamos de ver y que ahora pueden compensar cuando se deja de ser mojado”.