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Lucero Amador
Fotos: René Miranda

Oxnard, CA.- Regina y Hugo Vega no tuvieron que cruzar ilegalmente la frontera pero su llegada a este país estuvo tan minada, como para cualquier otro migrante que entra sin documentos.

Tener un empleo no era suficiente. Cada uno tuvo que conseguir dos más para poder pagar las deudas que cada noche les robaba el sueño. No tenían casa, su salud no era buena, había que comprar medicamentos y además saldar otros préstamos con sus familiares.

Durante diez años el matrimonio Vega, originario de Uriangato, limpió oficinas, casas, departamentos, ella trabajaba además en una fábrica de semillas y los fines de semana se iban a trabajar a un tianguis. “No había días de descanso, en el swapmeet, éramos los que vendíamos los boletos de entrada y trabajábamos de 4 de la mañana a 1 de la tarde”, cuenta Regina.

“Nuestra prioridad era pagar las deudas de hospital y a nuestros familiares que nos habían prestado dinero, luego tener un lugar donde vivir porque estábamos en casa de mis suegros “recuerda. “Ellos nos apoyaron mucho”.

gal4 (2)Regina y Hugo se conocieron en Uriangato y ahí también se casaron. Viajaban rumbo a Puerto Escondido a disfrutar de su luna de miel, cuando un accidente automovilístico casi les arranca la vida.

“Estuvimos varios meses hospitalizados, graves y a penas nos sentimos un poco mejor nos venimos para acá; pero al llegar mi esposo no estaba muy bien y tuvieron que hacerle varias cirugías porque uno de sus pulmones estaba dañado”, relata. “Tres años vivimos con mis suegros y luego nos salimos a rentar, vivíamos en un garage”.

Una vez que los dos recuperaron la energía y la salud, no pensaban más que en trabajar para pagar lo que debían. Cinco años después compraron su primera casa. Con una segunda oportunidad de vivir y con un deseo inmenso de superación, Regina se dio cuenta que si no hablaba inglés, su deseo de lograr el “sueño americano” sería más complicado.
Así que entró a estudiar a un colegio comunitario en Oxnard. Todas las tardes, aunque cansada de trabajar, se iba dos horas a aprender inglés a la escuela de adultos.

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“Recuerdo muy bien, era el Día de la Mujer, nos celebraron la fecha con una charla de superación personal y una americana nos habló de lo difícil y lo mucho que le había costado crear su propia empresa. Y aunque entonces no entendía bien inglés recuerdo clarito que nos dijo que no importaba que fuéramos inmigrantes y no tuviéramos papeles, que podíamos tener nuestra propia empresa, pero debíamos esforzarnos mucho y hablar inglés”, platica.

Ese mensaje fue crucial para Regina. Ella a diferencia de varias de sus compañeras de clases tenía documentos en regla. Hugo era ciudadano porque su papá lo había emigrado cuando él era un niño.

Desde aquella charla, ella comenzó a preparar el camino para estrenarse como empresaria junto con su esposo. “Comenzamos limpiando diez casas, pero no dejábamos nuestros trabajamos, nuestro pequeño negocio se convirtió en otro empleo extra, hasta que comenzaron a llegar más clientes”.

gal2 (4)“Nunca hemos hecho publicidad, los empleadores han llegado por recomendación de boca en boca”, dice Regina.

Vega Cleaning Service, como han llamado al negocio, después de 17 años cuenta ahora con más de 40 clientes y limpian más de 100 departamentos y casas al mes.
“Ha sido mucho trabajo y sacrificios pero ahora sí puedo decir que estamos viviendo nuestro sueño americano”, expresa Regina mientras voltea a ver y señala los alrededores del patio de su casa, donde todas las tardes se sienta con Hugo a descansar y disfrutar con sus dos perros, Bombón y Cookie, que son su adoración.
“Las bendiciones se comparten”

Pero lograr su sueño no lo ha sido todo. Ahora Regina y Hugo a través de Vega Family Foundation también son un impulso para otros.

Aunque Hugo ha vivió más años en La Colonia el barrio más mexicano de Oxnard que en La deseada de Abajo, una localidad que pertenece a Uriangato, nunca se ha olvidado de su origen y se siente tan orgulloso de haber nacido en ese rancho, al que cada año regresa para hacer donativos.

“Les llevamos mochilas a los estudiantes de la única escuela primaria que hay y a la que fui por un tiempo, damos ayuda humanitaria, porque hay gente que no tiene para pagar sus medicinas”, dice.

Aunque casi nadie lo conoce físicamente, su nombre es bien reconocido como “el señor Vega que nos da regalo”, le dicen. “Uno también pasó necesidades y no sólo allá aquí también, cuando llegamos a Oxnard, La Colonia era el barrio más peligroso y de los más pobres, claro la pobreza no se compara con la que vivíamos allá”.

En los 17 años la empresa ha crecido. Han rentado una bodega en una zona comercial. Tienen varios vehículos para transportar el personal y los artículos que son su herramienta de trabajo.

“Yo les digo a las muchachas que vayan a la escuela, que aprendan inglés y se superen que no estén todo el tiempo limpiando casas”, cuenta Regina.

gal1 (2)Los Vega, junto con su fundación, han sido un gran apoyo para el Club de Migrantes de Uriangato en Oxnard, porque también a ellos benefician cuando se requiere de algún apoyo extra.

“Pues es que si a uno le ha ido bien, uno debe de compartir porque son bendiciones que Dios no ha dado”, expresa Hugo. “Han sido años de muchos sacrificios, de un esfuerzo grande, pero ahora que nosotros podemos y lo poco que tenemos nos gusta compartirlo”, concluye Regina.

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