El paso del Señor de la Columna

De Guanajuato Somos

San Miguel de Allende recibe a la imagen que procede del Santuario de Atotonilco, en una tradición de 194 años

Cuando las campanadas del Santuario de Atotonilco suenan a la medianoche, miles de fieles se preparan con antorchas, cruces de madera, abrigos y zapatos cómodos para iniciar una caminata de más de 13 kilómetros sobre la carretera y en la oscuridad, mientras llevan en hombros hasta la Ciudad, la imagen del Señor de la Columna, de la Virgen María y el apóstol Juan.

Así es desde hace 194 años.

Con el mismo fervor de hace casi dos siglos, los fieles envuelven en pañuelos la imagen del Cristo que ocupa el altar principal del Santuario protegido por la Unesco, el mismo que resguarda pinturas y grabados tan espectaculares que al sitio lo llaman la Capilla Sixtina de México.

En hombros y en medio de un impresionante operativo policiaco y de vigilancia, este año salieron de Atotonilco más de 25 mil almas para acompañar su sagrada imagen hasta el templo de San Juan de Dios, en San Miguel de Allende, donde por una semana recibe a sus visitantes que llegan a pedirle bendiciones por su familia, la ciudad y porque vuelva la paz a San Miguel, esa paz que dicen, poco a poco se ha perdido.

Un contingente de más de 6 kilómetros de largo detiene por completo el tráfico de la carretera San Miguel de Allende-Dolores Hidalgo y cerca de las 4:00 de la mañana realizan la primera parada: La Cruz, un pequeño templo donde tendrán su primera misa en honor del Señor de la Columna.

En las filas todo es fervor: abuelos, niños, jóvenes, adultos y papás con bebés en carriola caminan sobre el arroyo carretero para no dejar solo a su Cristo, el mismo que “prestarán” por siete días a los sanmiguelenses de la ciudad, igual que lo hacen desde hace 194 años, cuando por primera vez dejó su altar y salió de Atotonilco para visitar a un enfermo que pidió verlo para sanar.

El milagro de su recuperación lo hizo volver, ahora no para visitar un enfermo, sino para sanar una ciudad que no deja de recibirlo cada año.

Su entrada debe ser triunfal y por eso los vecinos decoran toda una avenida con tapetes de aserrín, palmas, flores gigantescas de papel crepé, globos y caminos cubiertos de mastranto y manzanilla que convierten su paso en un perfumado peregrinar que, combinado con el olor del incienso, transporta a los fieles a un paseo que parece el cielo.

Y como cada año, la pirotecnia despierta al San Miguel dormido para anunciar que llegó el Señor de la Columna. Son las 6:00 de la mañana.

A esa hora los niños que interpretan los Cantos de Pasión ya tienen varios minutos cantando y los jóvenes que interpretarán a los soldados romanos, ocupan poco a poco su lugares para encabezar la procesión.

En las calles hay otros miles de fieles para recibir al Señor de la Columna y esperar que pase frente a ellos para persignarse, llorar, rezar y darle la bienvenida a una de sus imágenes más queridas.

Con los sacerdotes encabezando el contingente, todos pasan sobre las alfombras de hierba fresca y los tapetes de aserrín de colores que son verdaderas obras de arte y que desde la noche anterior los jóvenes y niños dibujaron en el suelo para admirarlos mientras esperan su caminar.

La avenida Independencia, una de las más largas de la ciudad, ese día es la más concurrida pero no por el turismo, sino por los fieles sanmiguelenses que no permitirán morir una de sus tradiciones más arraigadas.

Por meses se prepararon para recibirlo y con sólo verlo pasar unos segundos es suficiente para recibir bendiciones y sentir que con su paso se alivia el alma, para eso llega cada año el Señor de la Columna, a curar corazones, cuidar a sus creyentes y a su ciudad.