Iluminación de fe

Texto por Tania Pérez
Fotos: Enrique Luévano

En diciembre, la pequeña ciudad de Purísima del Rincón se envuelve en un ambiente festivo de color, de luz que podrían resultar para muchos experiencias mágicas. En Puri, como le llaman muchos de cariño, las Iluminaciones son una tradición de hace varias décadas, que hace resplandecer a sus pobladores.

Purísima del Rincón.- Las celebraciones de la Iluminación son fiestas mágicas, que el fervor de los devotos las convierten en un episodio de fe y veneración a la Señora de la Purísima Concepción.

Costumbres que dejan asomar también las tradiciones de un pueblo y la gratitud de su gente.

Hay devoción, como cumplimiento y exactitud en esta celebración. Aunque no siempre sale todo al pie de la letra.

Apenas llevaban 6 minutos de atraso y la impaciencia de los vecinos se hacía notar.
“Vienen tarde, ¿no?, la misa debió haber empezado a las ocho”, se quejan entre sí algunos de los participantes que aguardan en la entrada del mercado, ubicado frente al jardín de la Plaza Principal, eso cuando a lo lejos se escuchan los tamborazos de la banda que acompaña la peregrinación que salió de algunas de las calles donde ese día tocó organizar aquel ritual.
Esa era la señal de que la Virgen estaba por llegar.

El volumen de la música se intensifica entre más se acercan al mercado los anfitriones de la Iluminación, que viene en la caravana. Ahí los esperan un gran grupo de fieles, quienes se alistan con el confeti para lanzarlo apenas crucen la puerta de ingreso.

En aquella pasarela de fe, además de la imagen de la Virgen, lo que más se aprecia son un par de enormes mojigangas que encabezan la columna de caminantes que llevan con firmeza sus farolitos encendidos. Pero aquella iluminación también se apodera del cielo con el estallido de los cuetes.

La Virgen, resguardada en su caja de cristal, desciende de la camioneta que la transporta y en seguida una cortina de fuegos artificiales le da la bienvenida. Una vez que el ambiente vuelve a opacarse, la imagen cruza los arcos de palma hechos en su honor y se adentra a la instalaciones del Mercado para ser colocada en su altar y dar comienzo a la esperada misa.

Los más creyentes acompañan a la Señora de la Purísima Concepción toda la hora de celebración, mientras que muchos más llegan sólo a formarse a la cena, porque como dice el dicho purimense: “A los ponches no se invita, se llega”, pero la señora Bernabé sabe bien qué hacer con los jóvenes que solo van a la gorra: “Se sirve hasta que se acabe la misa, ¿no se van a quedar?, pásense”, y la mayoría obedece.

El ambiente festivo de cada celebración de la Iluminación luego de la misa, depende del anfitrión de cada noche.
“Aquí cada quien pone lo que quiere, lo que le ajusta, ¿verdad?, hay unos que no dan nada, nomás el ponche porque los tamales o lo buñuelos los guardan para cuando lleguen sus familiares”, explica quejumbrosa María Isabel, que a pesar de su dolor de reumas espera en el frío en espera de que alguien le seda una silla y le invite una bebida caliente.

Aunque esta tradición comenzó en Michoacán con la llegada de los españoles, Purísima del Rincón la ha adoptado como propia y parece que no la dejará morir pronto. El fervor de participar se nota todas las noches, no sólo en la cena también en el decorado con faroles, velas, veladoras y papel de china en cada sede, porque los anfitriones concursan por ganar Mejor Calle, Mejor Altar o Mejor Casa.

Estas son las fiestas que muchos migrantes que viven en Estados Unidos, quieren volver a vivir. Cada año regresan con sus familias, traen a sus hijos a que conozcan la tradición de su pueblo. Pero son también las que muchos más añoran y anhelan un día regresar para disfrutar.

Las Iluminaciones concluyen el 23 de diciembre y todos los purimenses o visitantes están invitados a festejar a la Santa Patrona del municipio, a partir de las 8 de la noche.