La huella de Diego en EU

De Tania Pérez

El pintor guanajuatenses plasmó su arte en diversos murales en Estados Unidos

Dejó más que una pizca de México en Estados Unidos. Diego Rivera pintó en el país del norte al menos cinco murales, y aunque uno fue destruido, los demás aún pueden apreciarse.

Invitado por el prominente arquitecto Timothy L. Pfluege, el pintor guanajuatense viajó en 1930, acompañado de su entonces esposa Frida Kahlo a San Francisco, California, donde comenzó una activa temporada artística en Estados Unidos.

Uno de sus primeros trabajos ahí fue el mural “Alegoría de California”, pintado entre el décimo y undécimo piso de la Torre Pacific Stick Exchange, la entonces nueva Bolsa de Valores de San Francisco. 

En esta misma ciudad del sur de Estados Unidos, Rivera pintó “La creación de un fresco: la presentación de la construcción de una ciudad”, 1931, en el Instituto de Arte de San Francisco donde refleja su propia labor, y se dice, él mismo aparece de espaldas en el centro del mural.

Más tarde fue contratado por la Sociedad de Fundadores del Instituto de Arte de Detroit, con el fin de que pintara una serie de frescos que pagaría el magnate de la industria automotriz Edsel Ford. El resultado de ese contrato fue el mural titulado “La Industria de Detroit”, mismo que abarca mucho más espacio del que se había acordado en un inicio,  pues está a lo largo de cuatro paredes del instituto.

Para realizar esta pintura a gran escala, Rivera pasó varios días viviendo y entrevistando a trabajadores y obreros de grandes compañías en Estados Unidos, de donde tomó la inspiración, y a lo largo de su pintura recalca la diferencia y constante guerra entre las clases sociales.

Al terminar este fresco, aún en Detroit, Rivera comenzó una de sus obras más polémicas, el boceto para el mural “Hombre en el cruce de caminos” que pintaría más tarde en el Rockefeller Center de Nueva York.

Pese a las tensiones políticas entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, Diego Rivera plasmó en las paredes de este edificio el rostro del líder comunista Lenin. Ante la crítica y la discordia desatada en la prensa por la referencia soviética, Nelson Rockefeller pidió a Rivera borrar ese detalle, pero él se negó, por lo que el mural fue cubierto y días después, incluso antes de terminado, fue destruido. Pero ese no fue el final.

En 1934, de regreso en su país de origen, Diego obtuvo el permiso del gobierno mexicano para reproducir este mural al que cambió el título por “El Hombre, controlador del universo”, y hasta la fecha permanece en el segundo piso del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.

Esta obra de Rivera hace referencia a la ciencia, la tecnología, la política y la opresión de la clase obrera, con la presencia de Darwin, Lenin, Marx, Engels, Trotsky y Bertram D. Wolfe.

Después de este controversial suceso en su carrera, Diego Rivera tardó en regresar a Estados Unidos, pero lo hizo en 1940 para dejar otra muestra evidente del talento mexicano y latino, pues fue invitado a participar en la Golden Gate International Exhibition con otro mural.

En 151 metros cuadrados plasmó la unión que existe entre el norte y el sur del continente, con elementos como Quetzalcóatl, tradiciones y rasgos de los pueblos indígenas y hasta la figura del Frida Khalo, de quien para ese entonces ya se había divorciado.

Esta obra que lleva por título “Unidad Panamericana” se pretende sea trasladada a otro edificio que cuente con mejor y más espacio para ser observada, pero hasta nuevo aviso permanecerá en el City College de San Francisco.

Además de estas obras, Rivera dejó en custodia de varios museos e instituciones estadounidenses murales móviles, pinturas de menor escala y bocetos.

Y es de resaltarse, que en el pintor oriundo de Guanajuato fue el segundo artista que realizó una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, conocido por sus siglas en inglés como MoMa, aunque los registros de esta colaboración fueron borrados en 1940 por sus inclinaciones políticas explicitas en su obra.