“La patria viene con uno, nuestros seres queridos no”: Nicolás Hernández

De Guanajuato Somos

Nicolás Hernández se quedó con un deseo inmenso de volver abrazar a su madre.

La última vez que le vio fue cuando se despidió de ella porque él se venía “al norte”, a trabajar. Pasaron más de dos décadas desde aquel adiós y jamás hubo un reencuentro.

“Mi mamá murió… nunca la volví a ver”, comenta con un poco de resignación. “Le hice la lucha pero no se pudo. Ese es otra de las penas más grandes de cuando uno se viene para acá, dejar a sus seres queridos y no saber si algún día los vas a volver a ver, pero cuando eso sí pasa es un dolor grande”.

foto_webNico –así le nombran quienes lo conocen-, es originario de Uriangato, Guanajuato. Tiene 25 años de vivir en este país que también comparte con su esposa y sus dos hijos estadounidenses de 22 y 17 años de edad. Desde que llegó a California es “rufero”, dice, haciendo una mezcla de spanglish de la palabra en inglés roofer que es el oficio de poner techos.

Su experiencia no es distinta a la que han vivido muchos otros migrantes que sufren la pena de vivir desde la distancia la enfermedad de alguno de sus padres o la pérdida inesperada de alguno de ellos, y quedar “atrapados” en la imposibilidad de viajar por no tener documentos que les permita el reingreso a este país. Sus familiares mueren y ellos navegan entre el remordimiento y el dolor de no haberlos vuelto a ver.

Esa fue la situación de Nico con su madre. Pero esa experiencia lo impulsó a buscar las condiciones necesarias, primero exponiendo ante los integrantes de su Club Uriangato Guanuajuato en Oxnard y luego junto con ellos a la Oficina de Enlace del Gobierno de Guanajuato en Los Ángeles, la manera de crear un programa como el que ya tenían otros estados como Zacatecas e incluso organizaciones mexicanas de diversos estados en Chicago, para reunir a padres de hijos de indocumentados. A él le quedaba su padre y quería traerlo.

Unos siete años antes de que su madre muriera, el guanajuatense hizo varios intentos para traer a sus padres a California. “Me había enterado por varios paisanos de Uriangato, que en Chicago había organizaciones que ayudaban con el trámite de la visa para los papás, y sí di con ellos pero yo no calificaba, porque ese programa solo era para la gente que vivía en Chicago, pero además era muy costoso en ese momento para mi presupuesto”.

Cuando le dijeron que no era candidato para ese programa, sus esperanzas se derrumbaron. Años después murió su madre.

“Es algo muy triste, te desesperas porque no puedes hacer nada, pasa algo y no estás ahí, es una realidad que solo los que la pasamos sabemos lo que es”, comenta. “Viene uno a buscar el sueño de tener una vida mejor pero allá se queda parte de nuestra historia, la de nuestros padres, abuelos, tíos y hasta de los amigos”.

A través del Club Uriangato Guanajuato de Oxnard comenzaron a gestionar esa posibilidad. “Pasamos mucho tiempo tocando puertas en un lado y otro, hasta que Sergio Aguirre de la oficina de enlace nos dio la noticia de que el gobierno de Guanajuato nos iba apoyar”.

Sin embargo Nico vivió otra triste experiencia. Uno de sus hermanos, también migrante, fue diagnosticado con cáncer. Buscaron una visa humanitaria para su padre viniera porque los médicos ya lo habían desahuciado, pero le fue negada. Pero lograron programar una cita con uno de los consulados para intentar tramitar la visa de turista. Mientras su padre atendía la entrevista con un agente consular, su hijo daba el último respiro. “Ya no pudo despedirse de mi hermano”.

Hace poco más de un mes, Nico finalmente se encontró con su padre, habían pasado 25 años sin verse.

“Es un sentimiento encontrado”, describe. “No hallaba que hacer, si gritar o llorar, no sabía que decirle. Uno no sabe cómo reaccionar. Es algo bonito y triste porque yo había dejado a un hombre de unos 60 años que aún estaba fuerte y trabajaba, y lo vuelves a ver ya más acabado, con un bordón y entonces pensé en todas las experiencias que me perdí”.

El padre Nico, estuvo unas semanas y se fue con la ilusión de volver a ver sus hijos, nietos y bisnietos.

“Por eso entiendo bien a todos los que ya ahorita están con la ilusión, esperando a sus padres, me identifico con ellos y siento tristeza también con aquellos paisanos que se quedaron con la esperanza truncada porque sus padres no calificaron para la visa”, comenta el migrante.

Nico, junto con su familia y los integrantes del club, ayudan en la organización para darle la bienvenida al primer grupo de Mineros de Plata que llegará a California el domingo 21 de agosto.

“Dicen que uno extraña México pero yo creo que no, porque la patria viene con nosotros a donde vayamos, esa no la dejamos, lo que sí se deja y lo que se añora enormemente es a los seres queridos, por eso se vuelve y hay una razón para volver a nuestras comunidades de origen”, expresa.