Las ausencias de los indocumentados

Lucero Amador
Fotos: René Miranda

San Bernardino, California.- En su mente, lleva muy bien grabada la última vez que vio a sus padres. La abrazaron, la besaron y la santiguaron varias veces con gran tristeza, entre lágrimas pero apoyando su deseo de tener una vida mejor en Estados Unidos. Ese año de 1997, María del Carmen Rodríguez inició el viaje en el que la acompañaban su hijo que recién había cumplido un año y su esposo, con quien emprendía el sueño de mejorar su situación económica.

“Nuestro plan era quedarnos solo uno o dos años, trabajar mucho, juntar dinero y regresar” relata mientras su voz se va pausando. “Pero ya aquí, cada vez se hacía más difícil regresar por una o por otra cosa… y los años se van yendo”.
María del Carmen ha cumplido los 39 años. Tenía 19 cuando dejó El Cortijo, la colonia donde vivía en León y en donde también conoció a su esposo José Torres. Los dos, junto con su hijo José Alfredo de un año de edad, cruzaron la frontera de manera de ilegal y no volvieron a México. En esos 20 años, ella perdió a su padre, a su abuela y nacieron dos hijos más, Leslie y Cristiano. El caso de José es distinto, sus padres y hermanos también son inmigrantes.

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María del Carmen, su esposo José Torres y su el menor de sus hijos, Cristiano.

“Siento la culpa de no haber podido ir (a León) cuando murió mi papá, pero no podía arriesgarme, no solo por los papeles si no porque en ese tiempo estaba a una semana de que mi hija naciera”, entonces su voz se desquebraja. “Hace cinco años, en mi tercer parto, me puse muy mal, estuve hospitalizada por varias semanas, no podía caminar desde entonces vivo en una tristeza constante y una desesperación por ver a mi madre”.

Con varios intentos fallidos para reencontrarse con su madre sin tener que salir del país, María del Carmen hoy ve con esperanza una posibilidad, aunque no quiere emocionarse demasiado, teme que el milagro no se cumpla y se profundice más su tristeza.

Esa posibilidad es el programa Mineros de Plata, una acción que este año fue implementado por el Instituto de Atención al Migrante Guanajuatense y sus Familias con la que apoya a los migrantes guanajuatenses indocumentados a reencontrarse con sus padres. Este año un primer grupo de padres de familia viajó a Texas, en donde pudieron convivir por treinta días con sus hijos. En unas semanas, lo harán otros 27 padres guanajuatenses que en esta ocasión llegarán aquí, al estado de California, donde sus hijos ya los esperan.

Susana Guerra, directora titular del instituto ha mencionado a través de un comunicado que este programa es con la idea de “fortalecer los lazos de unión familiar entre los migrantes de Guanajuato y sus familias, es un programa cien por ciento humanitario”. Hay padres que tienen sin ver a sus hijos 30 años y este programa es la única posibilidad viable para muchos, de poder lograr el reencuentro.

Pero el gobierno de Guanajuato, que lo hace con el apoyo de algunos políticos en este país, no es el único estado mexicano. Esta iniciativa la comenzó Zacatecas. Los guanajuatenses que han logrado enterarse del programa, han dejado caer como avalancha llamadas telefónicas, correos electrónicos y las redes sociales las han saturado con preguntas y peticiones con la posibilidad de ser incluidos en el programa.

De acuerdo con cifras del Instituto de Atención al Migrante Guanajuatense y sus Familias, en Estados Unidos radican en promedio un millón 300 mil guanajuatenses – de los que no saben cuántos son indocumentados-. Sin embargo, los líderes de los clubes de migrantes de este estado, creen que la cifra es superior.

Mineros de Plata, podría dejar una evidencia cercana de la cantidad de indocumentados guanajuatenses que radican en este país, por el interés que han mostrado a las autoridades y a los líderes de los clubes, de qué hacer para traer a sus padres. “Ha sido todo un éxito, porque ha venido a impactar mucho en las familias, esto es un fortalecimiento porque muchos de los señores de la tercera edad que van, no solo volverán a ver a sus hijos, van a conocer a sus nietos que, en muchos casos solo conocen a través de fotografías”, explica Concepción Montiel, directora del área de Atención al Migrante en el instituto.

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María del Carmen es la única de su familia que vive en Estados Unidos, aunque rodeada sus hijos y esposo, dice que en momentos la presencia de su madre y hermanas le hace falta.

Pero Mineros de Plata no es para todos. Como en todo programa de esta naturaleza, hay que cumplir requisitos.

Montiel comenta que no ha sido fácil delimitar los requerimientos. “Sabemos lo que esto significa para muchas familias, pero hay requisitos primero con la embajada Americana, porque las personas deben cumplir con las peticiones que hacen a cualquier otra que va a solicitar una VISA, eso no cambia, pero luego hay que atender a los que tienen la imposibilidad de verse y se decidió por los que tienen más tiempo”.

Para el viaje a California se tenían consideradas 31 personas, pero solo 27 podrán viajar porque a cuatro no se les otorgó la VISA.

Los solicitantes deben tener más de 10 años sin ver a sus padres y estos deben tener entre 70 y 88 años de edad. Además no deben tener VISA. Estos son solo algunos de los requisitos. Gobierno del Estado les apoya con las gestiones para el trámite con la Embajada Americana, el pago de transporte a Guadalajara (a la embajada) y con el del viaje al reencuentro con sus hijos. Los clubes, en el caso de California, los de Uriangato y Gente Bonita de Purísima, además de Vega Family Foundation, apoyan con otros gastos.

“Es la única esperanza que me queda para poder abrazar otra vez a mi mamá...", dice María del Carmen. (Foto:ortesía)
“Es la única esperanza que me queda para poder abrazar otra vez a mi mamá…”, dice María del Carmen. (Foto:cortesía)

En el grupo de padres que viajará en esta ocasión a California, no viene la madre de María del Carmen, ella tendrá que someter la petición y esperar a que sea aprobada.

“Es la única esperanza que me queda para poder abrazar otra vez a mi mamá, una nunca sabe, hace dos meses perdí a mi abuelita”, alcanza a decir con claridad antes de romper en llanto. “A veces es difícil mantener la esperanza, porque luego cuando no pasada nada, uno se destroza por dentro. Llega el Día de las madres, Navidad, Año Nuevo y es muy deprimente, sé que tengo a mis hijos, a mi esposo pero también se tiene la necesidad de tener cerca a tu familia y pensar que podría no volver a verlos, eso me hunde”.

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