Los gritos en “La Soledad”

Tania Pérez
Fotos: Enrique Luévano

En muchos lugares de México, el “¡Ho, ho, ho!” de Santa Claus que anuncia la Navidad se suple con el sonido de series de foquitos sin coordinación y gritos de comerciantes con ofertas en todo lo que necesitas para el festejo.

En León, de extremo a extremo de la calle Josefa Ortiz de Domínguez, entre Miguel Hidalgo y La Herradura, se cuelgan techos de lonas que acaloran el pasaje para convertirse cada año en un tianguis que desde un mes antes de Navidad y hasta el mismo 24 de diciembre, tiene a la venta desde arbolitos de plástico chinos hasta vestuarios para Niño Dios hechos a mano según pedido.

Este espacio comercial en el centro es una extensión temporal de uno de los mercados más antiguos de la ciudad, el Mercado Aldama conocido también como mercado de La Soledad.

Muchos de los tenderos en esta calle son también comerciantes de tiempo completo en el mercado, pero a las afueras del inmueble, lejos del olor a sangre por las carnicerías o del humo de incienso de los locales de santería, venden artículos de temporada.

Cañas en varas o partidas, kilos de galletas de animalitos, piñatas, velas, envolturas para regalos, bolos, luces de bengala, imágenes de los reyes magos, esferas y hasta musgo fresco para el nacimiento porque lo venden recién regado.

En los puestos de estos 250 metros de calle se usan los platos de unicel para separar las figurillas de vacas a las de los borregos, de bueyes y conejos, además de que el regateo es una práctica común aceptada incluso por los comerciantes.

“¿En cuánto los foquitos?”, parece ser a pregunta incontable. Lo mismo que la respuesta del comerciante. “Esa serie es de 260”, responde.
“¿250?”, comienza el regateo.
“260”, se insiste. “250 y me la llevo”, se escucha una voz determinante.
“¡Ja, ja, ándele, pues!, 250”, se escucha una frase con cierta rendición.
Y esa es una escena continúa durante el día, en la mayoría de los puestos. Para entrar al laberinto de la La Soledad o “La chole”, como muchos otros le nombran, hay que ir bien armado de paciencia, de buen humor y de dinero claro está, porque no sólo querrás comprar adornos, seguro una buena fritanga se te antojará.