¡Por fin juntos!


Lucero Amador
Fotos: René Miranda

Doña Teresa Ruiz no pudo dormitar ni un minuto. Estaba ansiosa y no quería que esas fantasías oníricas le arruinaran lo que realmente sentía como un anhelo: volver a ver su hija.

Pero no era la única con ese sentimiento; Socorrito Estrada y su amiga de infancia Celia Guzmán, compartían la misma emoción y angustia de caer vencidas en ese pestañeo. Por eso ni siquiera pegaron el ojo en el trayecto de Uriangato al Aeropuerto Internacional del Bajío en Silao, cuando el camión salió a las cuatro de la mañana. Ahí abordaron el avión que las llevaría a California a ver a sus hijos, a aquellos que un día despidieron entre lágrimas y no volvieron a ver: “El norte” se los había arrebatado.

“No dormí nada, ¿qué tal si me quedaba dormida?”, lanza Ruiz la pregunta con cierta inocencia. Dice estar nerviosa y emocionada, pero sabe que nada más llegue el momento de ver a Gaby, romperá en llanto. “Son muchas emociones por los años de no verla y además hoy es su cumpleaños ¿imagínese? “. Cuenta que aunque sus hijas le dijeron no llevar maletas pesadas, por su enfermedad en la columna, ella no sacó la caja de galletas, unas caceras que venden en Uriangato, y el mole.

gal1 (3)Socorrito Estrada, entró toda airosa al aeropuerto. Con una energía contagiosa y una sonrizota que hacía que sus pequeños ojos se desapareceran entre sus pronunciados pómulos. “Mire yo les llevo a presumir a mis hijos las medallas que he ganado jugado cachibol. Tengo tres hijos allá, dos están arreglados y sí los veo, pero al otro llevo 19 años que nada y eso deja a uno incompleto. Ni siquiera pudo venir cuando su padre murió esa es una pena”, termina el comentario entre el llanto.
Los abuelos se emocionaron con las palabras que Diego Sinhué Rodríguez, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano les dirigió el domingo 21 muy de mañana en una de las áreas del aeropuerto en donde lo acompañaba Susana Guerra, directora del Instituto de Atención al Migrante Guanajuatense y sus Familias, dependencia que ejecuta el programa de reencuentro familias Mineros de Plata.

gal5 (2)Mientras que Brenda Ortigoza, quien es parte del instituto y se encarga de coordinar el programa, corre de un lado al otro para que aquellos 27 pasajeros estén bien atendidos mientras inicia el abordaje: supervisa lista, que todos hayan documentado y vayan bien almorzaditos, incluso les anuncian, casi de uno en uno, que con ellos viajará personal médico.

Pero a 3, 066 kilómetros de distancia del aeropuerto, la situación de ajetreo y felicidad es similar. En Oxnard, California en “la casa de la Collins”, como le nombran al lugar donde fue la recepción de bienvenida, un “ejército” de voluntarios tampoco ha podido dormir bien, y aunque son dos horas de diferencia más temprano que en Guanajuato, se han desmañado para tener todo listo. Ellos son los integrantes de los clubes Uriangato Guanajuato en Oxnard y Gente Bonita de Purísima, que han hicieron hasta lo imposible por hacer de este reencuentro una fecha histórica y memorable para todos.

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A las 3 en punto

Todos con poco sueño, unos más que otros, pero nada disminuía el entusiasmo.

Agustín Mendoza de Gente Bonita de Purísima, ya desde temprano posteaba en las redes sociales cómo aquel enorme terreno en la Collins se convertía en un bello recinto para la bienvenida.

Conforme iban avanzando los minutos, los vehículos donde viajaban los “Mineros de Plata” iban sorteando el cotidiano tráfico de una metrópoli como el condado de Los Ángeles, tan solo pasarlo para llegar a Oxnard, que se encuentra en el condado de Ventura, ya era una nada llegar al clímax de un proyecto tan anhelado, tan anunciado por los clubes y de semanas de preparación.

Eran las tres de la tarde. El claxon de dos enormes camionetas daban el anuncio. La música de fondo, el paradero de gente ya con las ganas de detonar en llanto, indicaban el gran momento. A penas se abrieron las puertas de los vehículos y los primeros que vieron a sus padres, se dejaron ir para descansar sus cuerpos en un profundo abrazo.

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El llanto fue inevitable hasta para quienes, de alguna manera, estaban ajenos a ese manera de amar a la distancia. La piel de todos los que presenciaban en vivo ese acontecimiento, se erizaba, incluso los que eran testigos a través de las redes sociales, se soltaron describiendo cómo estaban se sentían.

Beatriz Gutiérrez gritaba de emoción. La timidez de doña Teresa Ruiz perdió la cordura y se dejó caer en los brazos de Gaby. Los pequeños ojos de doña Socorrito, ahora se había borrado entre las lágrimas. Todo aquello era un desborde de emociones incontenidas. Esas que por años se las había impedido la frontera. Se dieron los abrazos, que solo daban en la imaginación, y los besos lanzados al aire por medio del auricular. Todo por la falta de un documento que les permite entrar y salir de este país con la frente en alto.

Martín Martínez, dirigente del Club de Uriangato habló del esfuerzo, del reencuentro y del trabajo de toda esa familia en la que se han convertido la mayoría de los clubes guanajuatenses.

gal3 (4)“Esta inquietud se creía inalcanzable”, expresa Regina Vega, organizadora de eventos del club. “Martín y yo fuimos al consulado mexicano y les parecía que era imposible de lograr. Luego él fue a la Oficina de Enlace y el arquitecto Sergio Aguirre le dio impulso para que esto fuera un hecho, una realidad”.

La música de la banda oaxaqueña, que por voluntad propia quiso participar, elevó la adrenalina, ayudó a secar lágrimas y a que los sentimientos pasaran a otro estado de emoción: la alegría.
Socorrito y Celia se pusieron a disfrutar del baile como en sus años de juventud, del cansancio ni se acordaron.

Los 10, 15, 20 o casi 30 años que estos padres dejaron de ver a sus muchachos, ya eran historia. Ahora vivían el presente, lo gozaban. “Porque mañana sabrá Dios, una ya está vieja, mire yo cría que me moría sin ver a mi hijo como ha pasado con muchas, y ahora estoy así de verlo”, dice Refugio Fuentes, que tenía 19 años sin ver a Armando, mostrando sus dedos, el índice y el pulgar, casi juntos.
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