San Miguel se vuelve loco

De Ana Luz Solís

Los sanmiguelenses salieron a las calles disfrazados de cualquier personaje para festejar el Desfile de los Locos

Como cada año en San Miguel de Allende, la locura invadió las calles.

En una de las tradiciones más arraigadas de la Ciudad Patrimonio, que forma parte de la celebración en honor de San Antonio de Padua, los sanmiguelenses se disfrazaron de personajes de ficción, caricatura, de película y hasta de políticos para caminar por las calles, repartir dulces y poner a bailar a cuanto espectador encontraban a su paso… Así fue el Desfile de los Locos.

Niños, adultos y abuelos entretuvieron durante horas a los ciudadanos y visitantes que aguantaron más de 4 horas el paso de 52 Cuadros o barrios que se disfrazaron de lo que quisieron y trajeron a este lugar personajes de Lego, de la película Sing, los hechiceros con sus trajes de colores y hasta al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a quien en su recorrido por San Miguel de Allende, uno de los paraísos preferidos de los estadounidenses, le recordaron que en México no es nada bienvenido.

No hubo momento para distraerse, miles de personajes llamaron la atención de su público que esperaban los dulces y pelotas de plástico que lanzaban a los espectadores. Uno que otro rebotaba en la cabeza de quienes apreciaban el desfile, pero qué más daba si era día de fiesta.

Según los reportes oficiales, más de 200 mil personas participaron y apreciaron el Desfile de Los Locos que por casi 10 horas mantuvo las principales calles cerradas a la circulación y quienes para llegar debían hacerlo caminando.

Con sus gafetes de participantes, los diferentes Cuadros de Locos organizaron sus grupos como Los del parque, Del Cuadro Nuevo, los Locos Más Locos, Los Antiguos, los del Valle del Maíz y los que llegaron de comunidades.

Los ciudadanos extranjeros también quisieron participar, se pusieron un disfraz y acompañaron en la pelotera a quienes por gusto o placer se pusieron su traje para unirse a la locura que una vez al año llena las calles de San Miguel de Allende en el puro corazón de México.