Todo sea por su tierra

De Gamaliel Reyes

Armando Solís tiene que reponer sus faltas en el trabajo para dirigir el Club de Migrantes Ojos de Agua y ayudar a su comunidad

La satisfacción de ayudar a sus paisanos huanimarenses lo ha obligado a desatender su empleo y reponer horas laborales en su tiempo libre. Pero ni eso ha frenado las ganas de Armando Solís por trabajar al frente del Club de Migrantes Ojos de Agua.

Nació en Huanímaro, Guanajuato, hace 48 años. Vive en Estados Unidos de América, lleva ya 31 años en ese país y llegó desde los 12 a Fullerton, California. Ahí terminó la primaria y cursó los niveles equivalentes a secundaria y preparatoria, hasta concluir una ingeniería civil en la Universidad del Estado de California, Fullerton (CSUF). Hace 10 años que se conformó el club y desde entonces lo preside.

“Hubo la inquietud de algunas personas de ver la manera de ayudar a nuestra comunidad, nos reunimos alrededor de 20 personas. En esta reunión éramos puros originarios de Ojos de Agua. Platicamos de los programas que tenía el gobierno para poder ayudar a las familias migrantes. Teníamos que conformar un club con una mesa directiva y después saber organizarnos para recabar los fondos”, recordó.

El Club de Migrantes Ojos de Agua, es uno de tantos que existen en EU. Pero si algo lo distingue, es su tiempo de vida y los logros obtenidos; según explica Armando, en promedio, este tipo de voluntariados dura entre uno y dos años, más de eso es una meta que poco alcanzan.

“Hay muchos que se incorporan, pero ya una vez que sacan ese proyecto que se pusieron de meta, ya no siguen trabajando. Muchos de los clubes lo que hacen es que se junta la gente para hacer una obra en especial y cuando termina el proyecto se les termina el interés y deja de seguir como club. Es muy difícil el trabajo como club migrante, se toma mucho esfuerzo y mucho sacrificio”.

Y es que no es del todo fácil gestionar y recabar fondos, sin fines de lucro particulares. Para ello, han tocado puertas, incluso en otros municipios donde existen clubes con el mismo objetivo de ayudar a sus respectivos paisanos, como los de Abasolo y Cuerámaro.

También se han visto en la necesidad de pedir el apoyo de instancias estatales, como el Instituto Estatal de Atención al Migrante Guanajuatense y sus familias. Pero eso implica viajar a México de manera constante por que en algunas dependencias no atienden los fines de semana. Es necesario faltar al empleo que paga en dólares y en ocasiones pagar vuelos del bolsillo propio.

“Esto de tener que dejar mi trabajo sí ha sido difícil para mí, pero lo he hecho con mucho esfuerzo, porque cuando dejo de trabajar dos días, tengo que recuperarlos cuando estoy de regreso, ya sea trabajando extra el mismo día o en fin de semana. Muchas de las veces me traigo mi computadora (a Huanímaro) y me pongo a trabajar.

“Tomo mis días de vacaciones (tres semanas) para poder hacer trabajo aquí en México, a veces hasta tengo que decir que estoy enfermo o cualquier cosa con tal de estar aquí. Sí es un sacrificio muy grande que tiene que hacer uno como migrante, pero lo hago con mucho gusto. El tener que trabajar extra para recuperar horas, lo hago con la satisfacción de que lo hago por ayudar”.

Pero si algo ha ayudado a que exista perseverancia en el club de Ojos de Agua, es la confianza de quienes forman parte de él, pero no tienen oportunidad de viajar constantemente. Ellos tienen la seguridad de que sus aportes son entregados a conciencia, por eso no han dejado de colaborar aunque cueste trabajo.

Durante la década de existencia del club que encabeza, han realizado más de 100 eventos de recaudación, pues detalla que al año realizan alrededor de 12 como las kermeses y las rifas que han organizado recientemente en Fullerton y Anaheim (CA) o como las excursiones a los casinos de Nevada o los torneos deportivos o las donaciones.

Y como todo esfuerzo tiene un fruto, las acciones emprendidas por el voluntariado que coordina Armando se ven reflejadas en el Centro Comunitario de dos plantas que fueron construidas en Ojos de Agua con un costo de más de 8 millones de pesos, de los que el club aportó el 25 por ciento con dinero obtenido de gestiones, recaudaciones y hasta de ahorros personales.

Pero sus ganas de ayudar no se limitan a la comunidad cuyos habitantes que emigraron dieron vida al club, también han llevado apoyos a otras con rezago económico.

Tan sólo en los últimos dos años han aportado una cuarta parte de lo necesario para entregar 2 mil 759 calentadores solares, pero la meta es llegar a 3 mil 500 en menos de 12 meses. El resto del recurso lo pone el Gobierno del Estado.

Para lograrlo, tendrá que continuar faltando al trabajo, reponiendo horas perdidas y usando su tiempo de descanso para venir a trabajar por sus paisanos. Pero eso no es obstáculo para el presidente del Club de Migrantes Ojos de Agua.