Un ciudadano ejemplar

De Guanajuato Somos

“Mi historia no es nada agradable, es la historia de un muchacho que queda huérfano desde los tres años y se va a batallar a trabajarle 14 o 16 horas diarias”, recuerda José Luis Solórzano en entrevista telefónica, un día después de haber estado en el Congreso de la Unión, en donde recibió un reconocimiento por parte de los legislados.

A Solórzano le fue entregado el premio Eduardo Neri, máximo galardón que se le otorga a un ciudadano que haya destacado por su trabajado y marcado de manera positiva y relevante a México. Y es primer migrante al que se le da ese reconocimiento.

La legisladora federal Alejandra Reynoso, representante del 5 distrito, fue quien nominó al migrante guanajuatense.

“Es un orgullo haber propuesto a don José Luis, que se haya podido procesar esta propuesta que por primera vez se hace a un migrante en calidad justo de migrante y en esta coyuntura tan especial que está viviendo la comunidad migrante es mandarles un mensaje para decirles que los tenemos presente y que a través de don José Luis es reconocerles a millones de mexicanos que por diversas circunstancias están en la Unión Americana”, expresó la legisladora.

A su corta edad, padeció la desesperación por la falta de trabajo y la necesidad de sobrevivencia y eso lo hizo seguir los pasos de su hermano mayor. Así que siendo apenas un adolescente dejó Abasolo y cruzó la frontera sin papeles y con la esperanza de conquistar el “Sueño americano”.

Solórzano recuerda que a la primera ciudad que llegó fue a Lynwood (California) un día tan memorable como la celebración del Día de Acción de Gracias y desde esa recepción familiar con todo y pavo en la mesa, que recuerda con alegría, el país donde asentaría su nuevo hogar pareció sonreírle.

No se libró de los trabajos de largas jornadas en el campo pero con su esmero y un poco de suerte tuvo la oportunidad de ascender en el campo laboral lo que a la larga le benefició con la residencia estadounidense.

Desde entonces, José Luis Solórzano ha puesto de sí para ayudar a sus paisanos que como él buscan una mejor calidad de vida en el país vecino y se dedicó a ayudar a migrantes mexicanos con trabajo y hasta con la posibilidad de que regularizaran su estatus legal.

Con el tiempo, Solórzano se convirtió en un empresario poderoso que no sólo ofreció trabajo a los migrantes en Estados Unidos, sino que también creó fuente de empleo en su comunidad natal, aunque primero lo intentó en León.

En El Varal (Abasolo) fundó una fábrica de calzado donde actualmente emplea alrededor de 600 personas. Pero además cuenta con empresas en otros giros industriales.

“Ahora sí que ya se empieza a ver como un pueblito, mucha gente ha ido a hacer sus casitas por ahí, porque ahí tienen su trabajo, son 50 comunidades las que se benefician del área”, cuenta.

Las botas, cintos, sombreros y ropa hechas bajo las marcas El General, El Norteño y Mis XV Primeras se exportan a todo Estados Unidos.

“Siempre hemos estado ahí para quien lo necesite para ofrecerles algún tipo de guía o de ayuda y más ahora con el club El Varal del que mi esposa es la presidenta”.

Susana Solórzano, su esposa, es también la vicepresidenta de la Federación de Organizaciones Migrantes Guanajuatenses en Los Ángeles, pero a través del club han realizado grandes cambios en Abasolo al construirle una plaza pública y unas canchas de futbol.

A través de la plataforma digital aylesvamos.com, José Luis Solórzano, su esposa y sus tres hijos están ayudando a productores mexicanos a exportar sus mercancías, desde artesanías hasta producción agrícola, y no sólo a Estados Unidos, también a países de Sudamérica y Asia.

Ante la latente amenaza del cierre de las fronteras de Estados Unidos, Solórzano sólo pide a la comunidad migrante que no se asusten ante un futuro incierto puesto que él confía que así como él y su familia, el gobierno mexicano está comenzando a voltear los ojos hacia los millones de inmigrantes en Estados Unidos para extender apoyos.

(Fotos de la oficina de la legisladora Alejandra Reynoso)