Un sueño roto

De Ana Luz Solís

A Jesús Barrón lo obligaron a jurar que no volvería a Estados Unidos para liberarlo; este “dreamer” ahora vive en San Miguel de Allende

Jesús Barrón es mexicano, tiene 31 años y desde que cumplió los cuatro años de edad, no conoció otra cultura más que la de Estados Unidos. Él es un ”dreamer”.

Su familia se lo llevó lejos de México muy pequeño y no volvió a su país de origen porque sin papeles en regla, no podían arriesgar su estancia en el país donde ganaban dólares y tenían una vida muy diferente a la que habían dejado.

Jesús y sus hermanos crecieron y se formaron con la cultura estadounidense. Aprendieron inglés y poco a poco se olvidaron de su lengua natal. Los amigos, su familia cercana y la gente que conocía día a día estaban más conectadas con la cultura de Estados Unidos que con la mexicana… Este mexicano nunca conoció el Himno Nacional de su país.

Fue Phoenix donde vivió por muchos años y donde trabajó también en el restaurante de la familia. No hubo necesidad de conseguir empleo en otra parte, así que su trabajo y un sueldo en dólares estaban seguros.

Conforme pasaron los años, la vida de Jesús fue como la de cualquier otro mexicano luchando por una vida mejor, pero en el 2013 cometió una falta que en Estados Unidos marca la vida de cualquier ciudadano: conducir en estado inconveniente.

Esa falta le provocó ir a los tribunales y recibir una condena que pudo pagar fuera de la cárcel, pero que además le generó un nuevo conflicto: la Migra ya lo tenía bien vigilado.

Así fue como ese mismo año fue deportado, quedando fuera del país en el que creció y trabajó casi toda su vida.

Pero Jesús no se quedó tranquilo y como pudo volvió a los Estados Unidos para reunirse con su gente para meses después volver a ser deportado y de nuevo volver.

El amor había llegado y la chica de sus sueños es Katerina Karrys, una rubia de ojos claros y de origen estadounidense de la que se enamoró.

Katerina sabía de la situación legal de su novio y a pesar de eso se casó con él en el 2015, esperando que juntos y defendiendo su amor, resolvieran los pendientes que Jesús tenía con la ley como la sentencia inconclusa y las dos veces que entró de manera ilegal a EU.

Pero llegó Trump

Una vez casados comenzaron a hacer los trámites necesarios para arreglar la estadía de Jesús en los Estados Unidos, pero en el camino por hacer “las cosas bien” llegó otro problema llamado Donald Trump, el nuevo presidente de los Estados Unidos que complicó aún más el intento del mexicano por quedarse ahora al lado de la familia que había formado con la llegada de sus dos pequeños hijos.

La vida de Jesús se volvió más intranquila porque pasear con libertad por las calles de ese país al que se lo llevaron de niño, ya le había dejado claro con sus deportaciones que no lo quería más en el lugar.

Fue a principios de este 2017 cuando de pronto los de la Migra llegaron y lo atraparon por tercera vez, pero esta ocasión no le dieron la opción de esperar ser deportado, sino que fue encarcelado por haber retado al gobierno de Estados Unidos a regresar de manera ilegal al país del que ya lo habían deportado dos veces.

Jesús estuvo en la cárcel cuatro meses, a la espera de la resolución del juez para saber cuál sería su sentencia,

Katerina sabía que esa era la definitiva y que el hecho de haberse casado con él no le garantizaba quedarse en el país, así que a través del abogado de su esposo supo que o lo dejaba ir o se iba con él dejando lejos a los Estados Unidos.

Fue así como el abogado llevó a Jesús ante un juez quien le dijo que para obtener su libertad debía jurar ante su tribunal y testigos que jamás volvería a los Estados Unidos, que no desafiaría nuevamente las leyes de este país en el que estaba de manera ilegal porque esta vez la ley sería implacable… y lo juró.

Pero la palabra de Jesús no fue suficiente y Katerina tuvo que entrar en el proceso y ayudar a que las cosas se aceleraran para que su marido y el padre de sus hijos obtuviera su libertad, así que escribió una carta a un juez donde ella se comprometía ante su país a que sería la encargada de que Jesús no volviera a los Estados Unidos, que ella estaría vigilante de él y que por eso ella renunciaba a sus privilegios en su país para mantener juntos a los integrantes de la familia que había formado a su lado.

La carta la entregó y el juez le dijo que era decisión fuerte pero que admiraba el valor de Katerina “por mantener unida la familia”.

En cuestión de horas, Jesús estaba en Nogales, Sonora; la Migra lo había devuelto a la tierra en la que nació pero de la que no recuerda nada ni a nadie.

Katerina se enteró de que Jesús estaba libre pero del otro lado de la frontera, así que agarró un  poco de ropa, a los niños y se encaminó rumbo a Sonora para encontrarse con su marido.

Con sólo una camioneta, un poco de ropa y mucha alegría por estar juntos, Jesús, Katerina y sus dos hijos emprendieron el camino a la nueva vida y en junio llegaron a San Miguel de Allende para comenzar de nuevo, sin separarse.

Ahora busca un empleo, una forma de darle una vida que logre parecerse a la que llevaban en Estados Unidos aunque a este “dreamer” mexicano, la vida se le está complicando porque su español es malo, sabe del negocio de restaurantes pero le cuesta entender a sus compañeros y aunque poco a poco aprende el idioma y las costumbres mexicanas, dice que la ciudad que Katerina escogió para vivir es muy bonita, que los niños están felices y que ellos también.

“Ya estoy en el país que nací, volví muchos años después para verlo y ahora a vivirlo. De EU no sabré nada más que por mensajes de mi gente, así que a empezar de nuevo que ya estamos acá”, dijo.